Incendios forestales y COVID-19

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Incendios Forestales

Incendios forestales y COVID-19

Por Aaron Clark-Ginsberg, David Shew, y Christopher Nelson

incendios forestales y covid

Cómo la respuesta continua al COVID-19 podría impactar en la próxima temporada de incendios y qué necesitan hacer las agencias de combate de incendios y de salud  para prepararse  

Por Aaron Clark-Ginsberg, David Shew, y Christopher Nelson

Se prevé que el brote de COVID-19 se extenderá hasta bien avanzada la próxima temporada de incendios forestales. Cuando el coronavirus y los incendios forestales colisionen, las agencias de combate de incendios forestales y las agencias de salud pública necesitarán trabajar en conjunto para garantizar que puedan mantener sus operaciones.

Por la superposición de los impactos del coronavirus y de los incendios forestales, afrontar estos desafíos para la salud y la seguridad pública requerirá de una planificación conjunta entre las agencias de combate de incendios forestales y las agencias de salud pública. Es necesario que los bomberos que actúan en incendios forestales se comprometan con las agencias de salud pública para elaborar estrategias que mantengan la capacidad de combate de incendios y a la vez se minimice el impacto del brote de coronavirus, y es necesario que las agencias de salud trabajen con los bomberos para garantizar que su capacidad de control del brote se mantenga durante la temporada de incendios.  

COVID-19 y respuesta a incendios forestales

El combate de incendios forestales es, finalmente, un esfuerzo humano. Miles de personas trabajan como bomberos en incendios forestales de temporada y permanentes en todos los Estados Unidos, en representación de agencias locales, estatales y federales, compañías del sector privado e instalaciones correccionales. Incendios forestales de grandes dimensiones pueden requerir las acciones de respuesta coordinadas de legiones de bomberos que pueden provenir del país y de todo el mundo. Es complejo predecir la escala del impacto de la pandemia del coronavirus en la dotación de personal y depende de factores que aún no han sido resueltos, como la eficacia de las medidas de distanciamiento social y el avance en el desarrollo de la vacuna y de antivirales. Sin embargo, los brotes continuos de la enfermedad y una persistente ansiedad por las reuniones públicas pueden generar una merma crítica de bomberos de incendios forestales que podría tener un significativo impacto en la respuesta.

Las acciones de respuesta a incendios forestales también podrían verse afectadas por las medidas necesarias para el control del brote de coronavirus. Está previsto que en incendios forestales los bomberos trabajen a una corta distancia entre sí, en dotaciones que llevan a cabo sus tareas, se trasladan y, a veces, viven juntas. Esa proximidad es parte necesaria de la respuesta y un factor clave para la unidad del equipo, por lo que mantener un distanciamiento social puede ser prácticamente imposible para los miembros de una cuadrilla durante la temporada de incendios.

Además, las dotaciones interactúan cuando están en un incendio, desde en la tarea en el frente del incendio hasta vivir y comer como una sola unidad en los campamentos para bomberos. Los casos documentados de enfermedades, como infecciones por estafilococos resistentes a los antibióticos, que se propagan en estos campamentos son indicaciones de los desafíos que podría plantear el coronavirus. Esos desafíos pueden verse exacerbados por el uso de cuadrillas de detenidos en la respuesta a un incendio forestal, debido a la inherente necesidad de mantener a los miembros de la dotación juntos por motivos de seguridad.

El COVID-19 podría también representar una sobrecarga para los recursos financieros disponibles para la respuesta a incendios forestales. Si bien el combate de incendios forestales no requiere los mismos tipos de recursos que los necesarios para la respuesta al COVID-19—los bomberos cuentan con camiones, helicópteros y aeroplanos para traslados; usan pañuelos, cascos y prendas resistentes al fuego para los equipos de protección personal; y combaten incendios usando motosierras y hachas Pulaskis—combatir incendios y responder al coronavirus son, ambas, tareas costosas que pueden disputarse los mismos fondos para emergencias locales, estatales y federales limitados. En Australia, según The Guardian, los recursos asignados a la respuesta y recuperación de un incendio forestal han sido desviados al combate de la pandemia del COVID-19. Teniendo en cuenta que los costos de la respuesta al COVID-19 son ya considerables y se prevé un aumento, los bomberos de incendios forestales podrían estar ingresando en la temporada de incendios con una severa restricción de recursos y con la posibilidad de que recursos adicionales no se destinen al combate de incendios.

Incendios forestales y respuesta al COVID-19

Los incendios forestales también podrían generar desafíos que exacerben impactos del brote en la salud pública más generalizados. Como parte de sus iniciativas para el combate de la amenaza del COVID-19, las agencias de salud pública tendrán que respaldar tanto a los bomberos de incendios forestales como a los miembros del público afectados por incendios forestales.

Por ejemplo, las poblaciones desplazadas por incendios forestales normalmente son alojadas en lugares concurridos, como iglesias y gimnasios, como sucedió después del incendio de Camp Fire, ocurrido en California en 2018. El riesgo de propagación de enfermedades infecciosas en estos refugios es siempre un tema de preocupación; de acuerdo con informes publicados, más de 140 personas se vieron afectadas por el brote de norovirus en los refugios locales, después del incendio de Camp Fire, debido en parte a deficiencias informadas en los servicios de salud y saneamiento. También ha habido brotes de norovirus en campamentos para bomberos, lo que indica la necesidad de recaudos extremos, equipamientos de salud y de saneamiento adecuados, y estrictos protocolos de salud y seguridad en entornos densamente poblados como campamentos para bomberos y refugios para emergencias.

Los incendios también intensifican las cuestiones sanitarias de las poblaciones vulnerables. Por ejemplo, la presencia de humo generado por incendios forestales se ha visto asociada con notables aumentos en las consultas a los servicios de urgencia de hospitales de pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica, asma y otras afecciones respiratorias. El New York Times informó que en 2007, los incendios forestales en Southern California llevaron a un notable aumento de casos respiratorios en residentes expuestos al humo, un patrón que ha sido repetidamente documentado desde ese año. Debido a que las personas con asma, enfermedad pulmonar y otras afecciones crónicas tienen mayor riesgo frente a los efectos del COVID-19, parece ser probable que el problema del humo exacerbe los síntomas del COVID-19, sumándose a la sobrecarga de las instalaciones para cuidado de la salud.

Mantener la continuidad de las operaciones ante incendios forestales y COVID-19

La conclusión es que es necesario que las agencias involucradas en el combate de incendios forestales planifiquen una posible temporada de incendios con coronavirus.

Como mínimo, puede ser necesario que pruebas continuas e intensivas de detección de COVID-19 de todos los bomberos sea una prioridad. Las dotaciones de bomberos podrían tener que optar por modificar su lugar de vivienda y traslado hacia un sitio más cercano. También podrían tener que ajustar elementos de respuesta básicos, tales como menos campamentos para bomberos, mayor atención dispensada a saneamiento y más alimentos de emergencia preenvasados, en oposición a servicios de catering. Podría ser necesario que las jefaturas de bomberos consideren dejar que más incendios continúen ardiendo, en lugar de extinguirlos, e invertir en medidas destinadas a reducir igniciones y a enlentecer la propagación de incendios. En lugar de usarse grandes gimnasios u otras instalaciones concurridas como refugios de emergencia, podría ser necesario que los equipos de respuesta consideren asociarse con compañías hoteleras o arrendamientos de corto plazo como Vrbo o Airbnb para refugio de los sobrevivientes, como se ha hecho en las últimas temporadas de incendio.

Cada una de estas decisiones implicará un costo. Cambiar las operaciones de la dotación de bomberos puede tener un costo en dinero y en recursos, y posiblemente reducir la cohesión de equipo y otros elementos que hacen que el equipo sea eficaz. Dejar a los incendios arder puede ser políticamente costoso y puede generar efectos colaterales en la salud pública. Cambios significativos en políticas de prevención para reducir igniciones o enlentecer la propagación de incendios una vez que se inician deberían probablemente tener una prioridad mucho mayor que en el pasado. Y el uso de una nueva tecnología para predecir la propagación del fuego y hacer el seguimiento de los incendios—como FireNet, una herramienta de inteligencia artificial que el estado de California está analizando como opción para el monitoreo de incendios—podría ser incorporado en las políticas operativas.

De manera similar, es necesario que las agencias de salud pública que trabajan para minimizar la propagación del coronavirus en áreas propensas a incendios forestales elaboren planes para la temporada de incendios. Pueden trabajar en conjunto con las agencias de prevención de incendios forestales en la promulgación de estrategias que minimicen el potencial de contagio, mediante la difusión de mensajes y con el aporte de expertos que puede aplicarse para asesorar acerca de si dejar que los incendios ardan y cómo alojar a las poblaciones desplazadas. También pueden prepararse a sí mismas para la evacuación y elaborar de planes de contingencia para el personal y las operaciones.

Las agencias de combate de incendios pueden enfrentar desafíos mayores relacionados con el coronavirus en los próximos meses, pero también pueden observar e incorporar valiosas lecciones a partir de los logros con el COVID-19 en los Estados Unidos y en todo el mundo. En los Estados Unidos, muchos condados usan centros de operaciones de emergencia remotos para el monitoreo del COVID-19 y se están introduciendo cambios para proteger a los socorristas en el cumplimiento de sus deberes. Países como Australia y Nueva Zelanda están próximos al final de sus temporadas de incendios forestales y pueden aprender cómo combatir un incendio durante el COVID-19. Si se documentan y comparten, estas lecciones pueden ser usadas como puntos de partida para que los bomberos de incendios forestales combatan el fuego de manera eficaz y a la vez se mantenga la seguridad durante la pandemia del coronavirus.  

Dr. Aaron Clark-Ginsberg es sociólogo adjunto en RAND Corporation, organización sin fines de lucro, no partidista. Sus investigaciones se centran en el manejo de riesgos de desastres, e incluyen aspectos relacionados con la reducción, respuesta y recuperación de riesgos de desastres. David Shew es jefe de bomberos retirado de CAL FIRE y anteriormente arquitecto matriculado en ejercicio. Fundó Wildfire Defense Works, una organización que provee servicios de consultoría a organizaciones y comunidades sobre el impacto de los incendios forestales, en particular sobre ignición de estructuras. Christopher Nelson es politólogo sénior en RAND Corporation y profesor de análisis de políticas en la institución de estudios de posgrado Pardee RAND Graduate School. Su trabajo se centra principalmente en salud pública y preparación médica.

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